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Eh, Gauna, tenemos trabajo: mire lo que nos ha caído. Por el surco ocho, Gauna, no se si vio, ¿Qué opina? Lindo trocito, ¿eh, Gauna? Ja, ja. Hembra joven, no mas de treinta años, ¿Qué opina usted, Gauna? No, no, creo que se equivoque, Gaunita. ¡Y fiero! Bueno, es que hace tiempo que no calculia……La edad de nadie, quiero decir…..Está bien, está bien, pero tampoco es para que se me ofenda. Aguántese una broma, amigo… …Pero en cuanto a la edad, sostengo que se equivoca. Si, señor. Treinta años, no más. Toque esas tetas, mire que firmes. No, mi amigo, treinta años, y diciendo mucho. A ver, vigilemos, con suerte nos mandan la cabeza. ¡Cuánto hace que no vemos una cabeza de mujer, eh, Gauna! ¿¿Cuánto dice?! ¿No, tampoco hace tanto, mi amigo! Se nota que anda un poco nostálgico…..Y no le digo necesitado porque va y se me ofende…. ¿Vio? ¿No le acabo de decir? Lo que pasa es que usted anda un poco susceptible desde un tiempo por acá. Y no se sabe bien por qué….No se deje llevar, Gaunita, no se deje llevar, se lo he dicho muchas veces. Es por su bien……. ¡Escuche, escuche eso! ¡No le dije, ahí viene! Por el surco nueve, creo. Esperela, Gauna, espérela. Ah, esa pose, Gaunita, je, je, lo único que le falta es pedir barrera. Haga la seña, ¿Cuántos quiere? cuatro, cinco…..Eh, no exagere, ni que fuera un brasileño…… ¡Upa!, se viene, se viene. ¡No descuide su palo, Gaunita! Levante se animó, amigo. Ya llegará. ¿Qué dice? No, señor. Mire si en tiempos como estos vamos a andar hablando de equivocaciones. ¡Cuántas veces ha pasado lo mismo! Me extraña, Gauna, que se esté queriendo dejar llevar por la desesperanza. No me afloje, mi amigo. Tarde o temprano tendremos un par por aquí. Además, perdone que le diga, ¿a qué viene ahora estas referencias? ¡¿Cómo?! Lo único que faltaba, mi amigo. ¿Está durmiendo bien usted últimamente? ¿Seguro? Por lo que se deja decir no pareciera. Bueno, termíneme de cargar la carretilla. No, esa no, ¡¿no ve la pelambre?! ¡Preste un poco más de atención, hombre! Ah, Gauna, Gauna, últimamente……. ¡Aja! ¿Qué le parece, Gauna? Por el surco treinta y siete y casi todas de una vez. Por el alboroto se veía que era una carga importante. ¿Cuántas contó usted? ¡Cuarenta y una unidades! ¿Y todas piernas de niños? Bueno, no es que quiera poner en entredicho su buen juicio, pero a mi me pareció haber visto en el montón un que otra de, por lo menos, púber, aunque no lo aseguro. De todas maneras, creo que convendría hacer un repaso y clasificar bien antes de acarrear. No quiero tener problemas como la otra vez. ¡Recuerda, Gauna? ¡Como no va a recordar! No se haga el turro, amigo. Si no hubiera sido por mí no estaríamos aquí hoy. Sí, ríase, ríase. Bien que lo salvé de una. Ahora alcánceme esa carretilla. No, la blanca. A propósito, ¡no me dijo que le iba a dar una manito de pintura en cuanto tuviera un rato libre? ¡¿Ah, si?!¡No me diga! Como siempre excusas sobran. Gauna, despierte. Le tengo una sorpresita. Por el surco doce, mire. ¡¿Qué cree que es esto?!Muy gracioso, muy gracioso. Si fuera así cuando está despabilado….Mírelo bien, tiene un poco de cochambre como todo lo que viene por el doce, pero se alcanza a distinguir con claridad. Por lo menos una persona con dos dedos de frente lo haría. Aquí donde tengo el dedo. ¿Ve como una tripita?...... ¿La ve o no, Gauna? ¡Por qué no se deja de pavear y me contesta! Usted es peor que un chico, Gaunita….Bueno, ¿La ve? Bien, ¿Qué le dice eso? ¡Exacto! ¡Acertó por una vez en su malhadada existencia! (Después se lo explico; esa manía suya por ampliar el vocabulario: ¡recuerde donde estamos!)Y mírelo bien, está íntegro. Ni un dedito le falta. Yo le dije que algo bueno llegaría. Nos tenía que tocar. No, que lo va a llevar a usted. De ninguna manera. Déjeme, yo me encargo. Usted váyase preparando para el festejo. ¿Qué carretilla me aconseja? No sé que decirle, Gauna. ¿Qué le parece la amarilla con ruedas verdes? ¿Chirrea un poco dice usted? Después de todo que importa. Lo importante es la carga, Gauna, ¡la carga! Alguna cosa buena nos tenía que tocar, carajo. ¡Guanita viejo! Váyase preparando nomás, ya vuelvo. ¡Ah, quiero verle la cara a Rocamora! Un poco menos, bastante menos la verdad. La cotización bajó mucho por la abundancia, como siempre pasa. Me dijo Rocamora que era el octavo que recibían hoy. Parece que fue una oleada. Los del sector sudeste, ellos solos, acarrearon casi una docena en el último tiempo. Y nosotros el primero, Gauna, ¿Qué le parece? Y estábamos tan contentos. Bueno, habrá que conformarse. Está dura la vida. Vaya a ver qué cayó por el nueve. De seguro ha de ser una vieja desdentada y artrítica, así andamos. Vaya, vaya, encárguese usted, yo no tengo ánimos… ¡Carajo, Gauna, me cago en los del sector sudeste! ¡Y lo salpico a Rocamora, ya que estamos! Miren esa carita, Gauna, Sí, ya sé, pero hágase la idea de que está entera. ¿No le parece hermosa? Mire lo celestial de ese ojo. ¿No era esto lo que usted esperaba? ¡Gauna, no se me ponga tan exigente! Recuerde donde estamos. Ah, mire esa varicita. ¡Que belleza, Gauna! A ver, yo le tapo esta parte. Usted haga de cuenta que donde están mis manos sigue el rostro. ¿Y ahora? ¡Aja!, le veo temblar el mentón, Gaunita….Pero no, mía amigo, no me llore. Qué recuerdos ni recuerdos. Si sabía no lo llamaba. ¡Pero, no le digo! Vamos, vamos para el surco catorce. Allí hay trabajo: no menos de una docena de medios cuerpos. ¿Cómo? No, mitad para abajo, desde el ombligo más o menos. Sí, es cierto, hacía tiempo que no recibíamos esta modalidad. Vamos, Gauna, llevemos la blanca y la azul. ¡Y deje de moquearme, se lo pido! A propósito, qué le parece si esta tarde nos presentamos de nuevo a reclamar por lo del surco cincuenta y nueve. ¡Cuánto se nos ha robado ya de allí! Los del sector sudeste no tienen el menor escrúpulo. ¡Caraduras! Mire, Gauna, creo que nosotros deberíamos hacer lo mismo. Somos demasiado honestos…. Sí, está bien, pero por qué no le habla de esto de la ética a los vecinos, verán como lo escuchan atentos. ¡No me sea ingenuo, Gaunita! Bueno, escuche, esta tarde le presentamos el último reclamo a Rocamora pidiéndole que lo eleve a más tardar mañana mismo. Si no se toman cartas en el asunto de inmediato, que empiecen a cuidarse. Ya hemos sido los boludos por demasiado tiempo. ¿Está de acuerdo, Gaunita? Claro, ellos empezaron. ¿Recuerda las ocho cabezas y los once medios toros que porque anochecía dejamos al pie del cincuenta y nueve? Ah, ese día había sido terrible. Estábamos realmente muertos, recuerda, Gauna. Sí, como para no. ¿Pero de todos modos cómo se nos ocurrió dejarlos allí durante toda la noche? Ya conocíamos la fama de los del sector sudeste. ¿Y lo de los niñitos? Cuando llegamos las unidades ya estaban al pie del surco sesenta y los rateros tenían allí su carretilla. Silbaban los turritos como si todo fuera muy normal; incluso nos saludaron con toda amabilidad, recuerda, Gauna. ¡Qué hijos de mil putas!.... ¡Y qué piezas aquellas! De las mejores que hemos visto por aquí, ¿no, Gauna? ¡Qué desgracia! Yo estoy segura de haberlas visto bajar por el cincuenta y nueve… Tiene razón, Gaunita, de nada vale llorar sobre la leche derramada. Pero de ahora en más veremos: o se nos escucha y se toman medidas o se atienden a las consecuencias… ¿Cómo que qué consecuencias? ¡No me haga engranar, Gauna, se lo pido por lo que más quiera! Y ahora cállese cargue, por favor. ¿Vio como nos miró Rocamora? ¿No le da que pensar? Aja. A mí también. Esto huele mal, Gaunita, muy mal. Nunca nos había tratado con ese tupé. Casi nos tira el reclamo a la cara. Me parece que estuvo a un tris de rechazárnoslo. ¿Y la broma que se mandó referida al fetito del otro día? ¿Qué fue lo que dijo entre dientes? ¿Qué estos pobres giles ni esa suerte tienen? ¿O dijo pobre gente? ¿Usted lo alcanzó a escuchar, Gauna….? Si, Gaunita, a mi también me pareció que dijo algo así. ¿Por dónde le habrá dado a este tipo? Jamás lo había visto de ese modo ¿Usted, Gaunita? Bueno, aquella vez, pero fue una situación bastante especial, y si me permite que le diga la verdad, don Gauna, no se me ofenda, creo que la culpa en esa ocasión la venía a tener usted. Eso de birlar corazones… ¡Andar haciéndose el sentimental a su edad, Gauna! ¿No le parece un poquito ridículo, por no decir otra cosa?....Si, está bien, todo lo que quiera, Gauna, pero no nos vamos a poner a discutir esa cuestión justamente ahora. No es el momento, mi amigo…..Ah, Gauna, esto me da mala espina. ¿Cómo? Sí, ya se que Rocamora es poco más que un cadete, pero…No sé. Ojalá me equivoque. Y además… ¿Vio cuando le señalamos en la cartografía la posición del surco cincuenta y nueve? ¿Cómo qué? ¿Me va a decir que no se fijó, que no vio el gesto que hizo? Barrio con el dedo índice todo el sector que va entre el cincuenta y nueve y el cincuenta y dos y meneó la cabeza como diciendo este sector se está estudiando o este sector se va a modificar en breve o ya van a ver estos giles….o cosa así. Ay, Gauna, ojalá sea mi imaginación, pero tengo un mal, un muy mal presentimiento. ¿Tantas, Gauna? No, no escuché nada, estaba en el baño. ¿Pero cual de los surcos? Mire usted, ¿Cuánto hacía que no recibíamos nada por el tres? Ahora, usted vio, Gaunita, la porquería está viniendo mucho para estos lados. Me gustaría espiar los libros de los del sector sudeste: se me hace que si compráramos calidades… ¿Qué se traerán los de allá arriba?...Bueno, no me importa, a trabajar. Aunque usted sabe tan bien como yo, Gauna, que este va a ser un trabajo casi al cuete: ¿Qué pueden representar trescientas o cuatrocientas vísceras? ¿Más? ¿Pero se fijó bien, ni un miembro, ni una cabeza siquiera? ¿Vio algún corazón por lo menos? ¡Tampoco! ¡Pero carajo! Esperemos que estén en un estado aceptable. Si no ni vale la pena que nos acerquemos a Contaduría. No, ya sé, lo digo en broma. Aunque así y todo vamos a tener que tragarnos la cara de sorna de Rocamora. Ah, me la estoy viendo. Qué tipo que se me ha vuelto antipático. ¿Cómo? No, lo único que falta, Gaunita, es que me lo defienda. No me saca de la cabeza ese tipo tiene algo que ver con los del sector sudeste. ¿Qué no? ¿Y el otro día cuando llegamos y estaban ellos no vio como Rocamora les guiñó un ojo y nos señaló y después todos se callaron? ¿Ah, y entonces? Me va decir que ahora cambió de opinión: fue usted mismo el que me aseguró que alcanzó a escuchar a Rocamora decirles algo sobre el sector nordeste. No me la juegue de ingenuo, Gaunita, algo pasa, se lo aseguro. Observe esta rareza, Gauna. ¿Había visto esto alguna vez? Usted tiene mayor antigüedad que yo, por eso se lo pregunto. Ja, ja, hágase el pibe nomás. ¡¿Cómo!? Ja, ja. Si, si, pero mire: veinticuatro manos y a todas les falta el pulgar. ¡¿Qué dice?! Ja, ja. No se haga el vivo, Gauna, que ya está pelado y gordo. Si fuera el índice o el mayor le podría creer…. ¡Pero qué curioso, ¿no?!... Aunque quien le dice, a lo mejor dentro de un rato bajan los pulgares. ¿Cómo dice? Sí, tiene razón, viejo Gauna, como están las cosas…. Basta, deje de mortificarse. Me va a hacer llorar a mí también. Pero si ayer estaba lo más bien. ¿Qué la soñó otra vez? Y bueno, amigo, que más quiere, es una forma de tenerla. Lo que pasa es que a usted no le entra por ningún lado la palabra resignación. Y es una buena palabra si uno se amiga con ella. ¿Cómo? Si, no crea, yo también tengo lo mío. No, para que quiere escuchar. Lo único que falta es que nos abracemos y nos pongamos a llorar como dos magdalenas. No, deje Gaunita, eso no es para mí. Y quiere que le diga, para usted tampoco. Vamos, vamos, Gaunita, un poco de ánimo, tenemos trabajo, mucho trabajo. Para estas cosas no hay medicina como el trabajo…Y si se comporta un poco, para su cumpleaños yo… Bueno, no le quiero adelantar nada, sólo espere a su cumpleaños, hay una sorpresita. Ah, vio. Así me gusta. No, no hasta su cumpleaños… ¿Cómo? No, no es eso, le erró fiero. Espere unos días, no falta tanto. Je, je, no le digo, ya es otra persona. No hay como la esperanza, ¿no, Gaunita? ¿Por dónde bajo? ¡Mire usted! ¿Y vino solito, me dice? Parece fresco y sanito. Sí, una joya, Gauna. ¿Conservarlo? No, corazones no, Gauna, en ese sentido usted sabe que son muy estrictos: siempre los terminan por echar en falta. Cualquier cosa menos corazones. Recuerde lo que pasó la otra vez. Su inclinación sentimental nos terminó costando cara. No, decididamente no, Gauna. Y mas como están las cosas hoy… ¿Uf, Gauna, cuando usted se pone porfiado? no y no… Bueno, Gauna, no me va a llorar ahora. Piense con el lado frío de su cabeza. No deja de ser una víscera, aunque sea su corazón. Je, je, Gauna, se me hace que usted no está en el lugar preciso. Usted es un poeta, Gaunita, que le diría, un verdadero sentimental. No, no me estoy burlando, como se piensa. Al contrario, es un elogio, don Gauna. Aquí tiene un pañuelo. Rocamora me mira fijo a la cara y entrecerrando los ojos me dice “No prosperó”. “¿Cómo”?, le dio yo, haciéndome el desentendido. “Que el reclamo por el surco cincuenta y nueve no prosperó”, me dice “¿Cómo que no prosperó?”, le digo yo, simulando no entender bien todavía. “Eso”, me dice él, “que no prosperó, que no se va a mandar inspección ni nada”. “¡Cómo que no se va mandar inspección ni nada!”, le insisto, haciéndome el que no podía creer lo que estaba escuchando. “La superioridad dice que no hay prueba suficiente que justifique una inspección y mucho menos una guardia permanente, como ustedes pedían”, me dice él. Le juro, Gauna, que tuve ganas de escupirle en la cara y largarle ahí nomás todo lo que nosotros pensamos de él y de los del sector sudeste. Pero me contuve, Gauna. Eso lo único que iba a hacer era empeorar las cosas para nosotros, así que como pude, entre dientes, les dije “Qué raro, que yo sepa hasta aquí nunca se le había negado una inspección a nadie”. Rocamora se encoge de hombros y me dice: “Aquí está el parte de la superioridad, si usted quiere leerlo”. Ni lo mire. Cualquiera puede falsificar una parte. “Está bien, ya veremos”, le digo, medio entrecerrando los ojos como con sorna y forzando una cuarta parte de sonrisa socarrona -como para que el tipo vaya percatándose, Gauna, que de este lado tampoco esta la gilada internacional-. Y sin agregar una sola palabra y manteniendo en la boca el cuarto de sonrisa falsa, me doy la media vuelta y salgo. Mi intención primera fue dar un reverendo portazo, pero me contuve en el ultimo instante por aquello que le decía de no empeorar innecesariamente las cosas… ¿Qué le parece, Gauna? Hay que hacer algo, ¿no? Mire, Gauna, vamos a hacer esto. ¿Vio esas dos unidades íntegras que llegaron esta mañana por el trece? Sí, esas. Bueno, las vamos a usar de carnada, ¿qué le parece? Pero tenemos que preparar bien el escenario. Los del sudeste no tienen que sospechar nada. Así que vamos a subir por la rampa llevando las unidades; a cierta altura las ponemos en el surco cincuenta y nueve y las dejamos venir, procurando que provoquen un poco de estrépito. No demasiado, lo suficiente para que los tipos se vean atraídos al lugar. Tiene que parecer todo muy normal. Buen, Gauna, un poco de ejercicio no viene mal. ¡También usted! Sí, sí, hágase el sufrido ahora. Bueno, como le digo, dejamos que caigan al pie del surco y nosotros nos ocultamos por ahí y esperamos. Sí, tiene que ser al anochecer para que permanezcan allí toda la noche. Como la otra vez, cuando nos robaron las ocho cabezas y los once medios torsos, ¿recuerda? Como para no. Si lo hacemos bien los tipos no van a sospechar nada. ¿Cómo que qué hacemos si aparecen? ¿Qué haría usted? Si, seguro, los invitaría a reflexionar. ¿Qué? ¿Qué el plano le parece gran cosa? Escúcheme, Gaunita, porque no se va un poquito a la… O mejor, porque no desenrolla el suyo, su plan, digo. Lo escucho, a ver. Ah, claro, lo agarró de improviso, mire usted. Porque no se calla si no tiene nada edificante que decir. Sí, está bien, está bien,…. ¿Mañana? No, esta misma noche: cuanto antes mejor. Afile bien su cuchillo, Gaunita. No, no me hable de consecuencias. Ellos se lo buscaron. Esto, don Gauna, se llama defensa legítima de la propiedad privada. Fuerza, no me afloje, Gauna. Un poco más y estamos. Sí, de abajo no parece tan empinada. Y creo también que le calculamos mal el peso a las unidades. Ah, no se queje, Gauna, que la más gordita está a mis espaldas. ¿Cómo dice? Je, je. No me haga reír que se me cae la unidad. ¡Cuidado, Gauna! ¡Upa! ¡Casi! Mire donde pone los pies, hombre. A ver, yo creo que aquí ya está bien: descarguemos... Ahí está. Ah, qué alivio. Bueno, muchachitos, los esperamos abajo, hasta luego. Y a usted, Gauna, le juego una carrerita. ¡Aja! No se me achique. A ver, póngase acá. ¿Está listo?... Bueno, Gauna, pare con el precalentamiento, tampoco es para que se lo tome tan a pecho: es una corridita informal, como quien dice. A usted si que no le gusta perder ni a las bolitas, ¿eh, Gauna? Bueno, ¿ya está listo? ¿Si?...Atras ese pie, Gauna, no se me avive… No, Gaunita, mire donde tengo el mío: en dirección de la cabeza de la unidad. No sea ventajero, Gauna. ¡Qué cosa grande que es usted!... Bueno, se lo permito; a la gente mayor, hay que permitirle algunas cosas. Sí, seguro, je, je… ¿Se acomodó por fin, Gauna? ¿Esta bien?... ¡Ahora! ¡Se vinieron, dijo Ardiles! Tome el mate, le toca a usted. Fresquita la noche, Gauna. Y esos tipos que no se dignan a aparecer. ¿Se habrán avivado? ¿Qué dice usted? Es así, el que espera desespera. Y para colmo ni una estrella para mirar…. ¿Recuerda cómo eran las estrellas, Gauna? Sí. Pero algunas solían tener una tonalidad verde clara. Y otras, rojizas. ¿Cómo? No, no como nuestro cielo nocturno. Este es un resplandor más bien vomitivo. Era otro tono, una mezcla de naranjas y rosas, indefinible. Eran las estrellas que más me gustaban. Cuando nos llegan ojos se me da por pensar que son ojos que han visto hace poco, quizás hace solo un rato, las estrellas. Y no se si lo noto, pero me quedo mirándolos y mirándolos a ver si… Si, búrlese, búrlese nomás. Está bien, ahora le toca a usted. Bueno, ya se que tampoco sol, ni luna, ni nubes… ni nada. Sólo esta luz asquerosa de fluorescente que nos mandan para hacernos saber cuando se debe trabajar y cuando... Sí, todo lo que quiera, Gauna, pero a mi déjeme extrañar las estrellas, sólo las estrellas. ¡Que lo parió! Está por amanecer y los tipejos no se han dado por aludidos. En una de esas nos vieron subir. Aunque no creo; lo hicimos bien parapetados. De todas maneras, parece que por esta noche, Gaunita, no va a pasar nada. Mejor retiramos las unidades y vamos nos a descansar un rato. Mañana lo volveremos a intentar. Van a terminar picando, téngalo por seguro, Gauna. ¡Que lo parió! Está por amanecer y los tipejos no se han dado por aludidos. En una de esas nos vieron subir. Aunque no creo; lo hicimos bien parapetados. De todas maneras, parece que por esta noche, Gaunita, no va a pasar nada. Mejor retiremos las unidades y vámonos a descansar un rato. Mañana lo volveremos a intentar. Van a terminar picando, téngalo por seguro, Gauna. Otra vez nada, Gauna, que se le va a hacer. Paciencia, Gaunita. Es cuestión de esperar. Mañana será el día, se lo garantizo. Mañana lo haremos por última vez, se lo prometo. Eso sí, me parece que vamos a tener que cambiar las unidades: demasiado trote, pobres bestias… y demasiado tiempo. Como diría Rocamora, con ese lenguaje que usa cuando quiere ser educado: ya han dejado su punto de sazón. ¿Qué? Sí, la verdad es que empiezan a oler como sus madres. Está bien, mercadería perdida, se lo consiento, pero que se le va a hacer: era un riesgo que corríamos, Gaunita… Sí, lo que quiera, mi amigo, pero no me niegue una última oportunidad. Mañana es la ultima, Gauna, se lo aseguro. Y si no aparecen nos olvidamos de todo… O lo que es lo mismo, dejamos que nos sigan sisando lo más tranquilos, que para eso ha venido al mundo la gilada, es decir nosotros. Sí, Gauna, váyase a dormir, ya casi amanece. Estos turros nos quieren ganar por cansancio. Mañana habrá que empezar a pensar en otra… ¡Espere, Gauna, espere! ¡Agáchese, hombre!... ¡Mire, mire, ahí están! ¡No le decía yo, carajo! No, no espere un momento. No se precipite. Espere a que estén…Pero mire usted como sopesan la calidad de las unidades. Parece que estos tipos sólo roban cosas buenas. ¡No le digo yo! ¡Ahora, Gaunita, ahora o nunca! ¿A dónde le pegaron, Gauna? A mi también. Uno de los tipos era una bestia. ¿Alcanzó a herir alguno aunque sea? No, yo tampoco. Y ni las unidades pudimos salvar, Gauna. Ay, Gaunita, ha sido una mala noche, debemos reconocerlo. Vámonos a dormir, mejor. Mañana pensaremos en otra cosa. A ver, déjeme que lo ayudo a levantarse… Aunque mejor ayúdeme usted a mí. ¡Ah, cómo me dejó el estomago ese animal! Eso es, despacio, despacio. ¡Espere, espere, creo que voy a… vomitar!... Huy, Gauna, se lo advertí, ¿Por qué no se apartó, buen hombre?... En el bolsillo de atrás del pantalón tengo el pañuelo; tómelo sin cumplidos… Bueno, Gaunita, tampoco es para que me insulte de esa manera, considere la situación…Está bien, está bien, le pido mil disculpas, no ha sido mi intención, como se imagina… ¡Pero, Gauna, le estoy pidiendo disculpas, que más quiere! Buen día, Gauna. ¿Descansó? Lo dejé dormir un rato más a ver si se me reponía de lo de anoche. ¿Cómo está de los golpes? No, yo más o menos. Sí, lenguas. Las cargue recién; parece que llegaron esta madrugada. ¡Mire la cantidad! Sí, todas por el surco doce. Y claro, la cochambre las delata. ¿Qué dice? Sí, no se equivoca. Si se levantaba un rato antes me encontraba ahí sentado llorando. Hace un par de horas, cuando usted dormía, se apersonaron Rocamora y un secretario. No, no lo llame. ¡Para que! Sabía lo que se venía y quise evitarle la amargura de escucharlo por boca de otro. Aquí tiene, me dice Rocamora, que estaba parado ahí mismo donde está usted, es una disposición de la autoridad, y me alcanza este papel. ¿Quiere verlo? No, ya se. Bueno, el tipo -Rocamora-, parado, como le dije, ahí mismo, toma el original como lo estoy haciendo yo ahora con la copia, lo pone ante sus ojos de renacuajo que tiene y, con cara piedra y voz administrativa, empieza a leer: A los tantos días de tal y tal, ante los sujetos tal y tal, concesionarios de los surcos tal a tal, en presencia del secretario tal convocado al efecto, la Superioridad procede a comunicar sus irrevocables disposiciones, a saber: Artículo uno, por razones de reorganización administrativo-contable (mentira) a partir del día de la fecha los surcos comprendidos entre los números cincuenta y cincuenta y nueve, inclusive, pasan a formar parte del sector sudeste. Artículo dos, pro forma. Así, sin más. Después, Rocamora pidió al secretario que me hiciera firmar la constancia de recibo y las actas. Y sin agregar una palabra se las tomaron. ¡Qué le había dicho yo, Gauna, qué le había dicho! Y todavía le calculé mal: no era hasta el cincuenta y dos sino hasta el cincuenta. Y no quiero pensar en lo que se viene. ¡Qué va a ser de nosotros, Gauna! ¡Dios nos ayude! ¿Que qué le dije a Rocamora? Y qué podía decirle. Me tomó tan desarmado y deprimido que no me dio tiempo a reaccionar. Y además, aquí está el parte. La presencia del secretario del consejo atestigua que no es falso… Va, al menos eso se da de creer. Y como le decía, cuando se fueron me senté al lado de las lenguas a llorar como si fuera usted, Gaunita. No se ofenda. No es el momento. ¿Escuchó los motivos que aducen? Cuestiones de reorganización administrativo-contable, dice textualmente el parte. Pero usted y yo sabemos que aquí ha habido otra cosa. Que ese felón de Rocamora, por algún motivo que sospechamos ¿no, Gaunita?, tiene que ver con esto… Pero no está del todo perdido, compañero. Ya veremos lo que vamos a hacer. Ya veremos. No se aflija, Gaunita. Confíe en mí. Que tenga un feliz día, Gaunita. ¿Cuánto se cumple? ¡Aja!, siga haciéndose el pibe nomás. Tome, aquí tiene lo que le había prometido: su regalito. ¿Para qué pregunta?; ábralo, ábralo. Qué sorpresa, ¿no, Gauna? ¿Le gusta? Bueno, bueno, no es para tanto, no me empiece a pucherear. ¡Este Gauna! No, no me lo agradezca. Un amigo así se lo merece todo. No, tampoco me ande preguntando; esas cosas no se preguntan: ahí la tiene, disfrútela. Es todo suya y para siempre: ¿no era eso lo que más quería en el mundo, Gaunita? Bueno, deseo cumplido. Ve, ve que la vida también tiene sus cosas lindas. ¡Arriba, Gauna, carajo! ¡Y que cumpla muchos, pero muchos más!
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