“Escribimos este libro acerca de Carlos Morel porque nos pareció necesario rescatar la personalidad de un artista que sufrió varias “desapariciones”. Nos referimos al eclipse que le
produjo su “locura”, a su abrupta ausencia del panorama artístico de Buenos Aires, donde había logrado protagonismo, a sus oscuros y callados años quilmeños.
Pensamos que quizás estaba pendiente una nueva mirada sobre él y su obra. Desde la aparición de la biografía de Agustín Matienzo y de los posteriores homenajes que se le tributaron con motivo del sesquicentenario de su nacimiento, se construyeron nuevos abordajes para el análisis de su situación vital y de su contexto. Intentamos con esos nuevos elementos conceptuales trascender el estereotipo para llegar a la persona. Debimos para ello sortear equívocos, silencios, prejuicios, desconocimientos, a los que contrapusimos los interrogantes que nuestra imaginación formulaba. Preguntas sin respuestas. Pero allí estaba la obra de Morel para dialogar con ella. Y sigue estando, no como una ilustración de época sino con identidad propia. Allí encontramos su presencia”.