Este no es un trabajo científico de Historia ni de Sociología Comparada. Aquí no se pretende describir la crónica, benigna y generosa, del Partido Peronista o de la Unión Cívica Radical o de los Partidos de Izquierda, ni tampoco describir sus aportes positivos a la vida política y social del país. Por otra parte, no basta decir que nuestra dirigencia y nuestros partidos políticos están en “crisis”, “no funcionan” y tampoco basta clasificarlos o adjetivarlos; sino que es necesaria una crítica que identifique las fallas. Este ensayo se enmarca en la tradición del análisis político a partir de casos concretos. Pero más aún, está escrito al calor de la política como ámbito de resolución de los problemas de la gente. No se descubre la institucionalidad sino que decide revalorizarla como herramienta de cambio. Asume que la dirigencia política es responsable de la frustración de los argentinos durante los últimos sesenta años, aceptando que esa dirigencia nace y se desarrolla en la sociedad que gobierna. La cultura política es hija de la cultura general de un pueblo, y es allí, desde esa cultura, desde donde el pueblo elabora sus decisiones, incluso cada uno de sus votos. A veces la cultura general tiene demandas que la cultura política no satisface y se produce un desfasaje, un desajuste, con olor a desilusión y ruido de cambio; eso está ocurriendo hoy en la Argentina.