El mundo sigue mirando hacia otro lado mientras Aung San Suu Kyi, solitaria continuadora de Gandhi, Mandela o Luther King, va a cumplir veinte años de prisión domiciliaria. Dama de Birmania es una pieza en un acto en verso y prosa. Daniel Suárez Marzal elige, por su condición de hombre de teatro, el género dramático para exorcizar su estupor ante una de las más aberrantes violaciones de los derechos humanos del mundo contemporáneo. La escribió en 2004 después de un viaje a Birmania, en el que fracasó en su intento de visitar a la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi (o Milady, como la llaman adeptos y enemigos). Se unen en Suárez Marzal su necesidad testimonial con el deslumbramiento por este país budista de 60 millones de habitantes, que en el Siglo X disputó a Angkor, la actual Camboya, el lugar de hegemonía política y religiosa en Asia y acaso en el mundo entero... Comenzó a escribir Dama de Birmania en Yangón, la capital de Birmania (aunque los militares entronizados hace 50 años la han mudado hace muy poco a un escondido bunker llamado Naypydaw, no conformes con haber rebautizado al país como Myanmar). Estos maquillajes no han cambiado la situación y junto a otros horrores ocurridos, Milady va a cumplir veinte años de prisión domiciliaria
por ganar con abrumadora mayoría las únicas elecciones en 50 años. El dictador U Ne Win las convocó con rara ingenuidad pero con rigor “numerológico”: el 8 del 8 del 88. (En Birmania el horóscopo tiene 8 signos y la semana 8 días, con el miércoles partido en dos). En este año, los atropellos crecientes generaron un movimiento: “la revolución del azafrán”, por el color de las túnicas de los monjes budistas que en inmenso número encabezaron una nueva lucha pacífica, contestada con fuego y masacre.