“El expediente lo declara desaparecido. Investigo a un cura y además...”.
Espere que continúe.
“Vos tenes un manuscrito. El que falta...”.
“No me jodas, la mayoría de las cosas que llegan no se leen”.
“No me jodas vos, estás involucrado en el caso. Y nosotros tenemos tres cuartas partes del libro... Vos tenés la que resta”.
La cuarta parte nunca apareció. Aparentemente la habría distribuido en diferentes editoriales sin mayor sentido, ni éxito. Y lo que sigue a continuación es lo extraído de ese expediente. Pero antes de editar este libro me pregunté como responsable editorial si valía la pena publicar algo incompleto. ¿Cuál sería el objeto?
Si te dispones a leer este libro, no tenés idea de lo que estás haciendo. El autor tampoco la tuvo. Si la hubiera tenido no lo hubiera escrito. Nadie podría escribir un libro en donde lo más podrido del ser humano parecería una virtud, en donde la atrocidad es una forma de belleza, y en donde el autor se aprovecha de ser uno de los mejores escritores de Argentina en este momento para decir cosas que ninguna persona normal se atrevería a decir.