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Gustavo Salinas, autor de A corazón abierto, anticipa desde el título que, más que una construcción literaria, sus cuentos, poemas, reflexiones, a los que suma prólogo y epílogo, no pueden ser encasillados ni calificados. Salinas -simultáneamente cirujano y paciente- permite observadores en su quirófano literario para exhibir las complejidades de ese órgano que Woody Allen llamara “elástico”, por su capacidad de albergar muchos y diversos sentimientos. La mitología le otorgó a Cupido el don de disparar flechas cuyas heridas suelen deparar placer, dolor, euforia, melancolía... Como cantan los versos, se puede morir de amor aunque uno siga transitando por la tierra sin mostrar signos fantasmales. Ese tema es abordado en algunos relatos en los que el arco de la angustia se tensa. En otros, con tono grave o ligero, el autor recrea historias ejemplares, y aventura la posibilidad del castigo para aquellos que se alejan de los caminos de la religión y el respeto, aunque la apariencia demuestre lo contrario.
Aconsejo a quienes entren en A corazón abierto, una lectura que se acompase a los latidos del título, cuyo ritmo ofrece variaciones, anunciadas con subtitulados en las cuatro partes que ofician de guía: “La vida es sueño”, “La familia”, “Los amigos” y la última, en la que quizás los números buscan equilibrar el desborde emocional: “Once poemas, una historia, un sueño, un deseo”.
Gustavo Salinas, en esta, la tercera obra de su producción, deja por escrito algo que, aventuro, le quema entre las manos y necesita compartir. Su mirada sobre las distintas épocas de una Argentina que fue y otra que es, aletea sobre todas las páginas, como un ave que quiere dejar un registro claro de su vuelo.
Silvia Plager
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