Visitar la imprenta Ruiz y Ruiz es adentrarse en un espacio literalmente virginal a los ojos del mundo. Igual que la negra espalda del Tiempo que nombró Javier Marías para referirse a ese incierto lugar donde quedan atrapados los sucesos que, aun habiendo sido vividos, nadie recordará nunca, el local arrendado por el protagonista se nos muestra como un purgatorio de las obras creadas por autores que se soñaron noveles y terminaron sus días como inéditos.
Con este sugerente punto de partida, Yamandú Sabini se atreve a concederles una segunda oportunidad a algunas de esas historias nonatas, y nos revela los mil y un misterios que guardaron durante años en su peculiar cementerio de polvo y papel.
La naturaleza heterogénea de su materia prima, convierte a Inediciones de una imprenta en un muestrario lúcido y estimulante que abarca todos los géneros literarios y la práctica totalidad de las virtudes y defectos de la condición humana: el cuento, la novela, el ensayo y la poesía, así como todas las derivaciones imaginables surgidas del oficio de escribiente, desde la prosa aséptica y pragmática de los burócratas hasta los ripios candorosos del amante descontrolado, desde los cantos de sirena del marketing hasta la lírica desgarradora del tango. Y, cómo no, literatura en estado puro.
Realidad y surrealismo, biografía y utopía, comedia y tragedia… el local de Don Egidio nos abrirá las puertas para acceder a una galería de personajes tan excéntricos como entrañables, retratos de antihéroes cotidianos y perdedores luminosos que el autor describe con respetuosa ironía y una sutil condescendencia prima hermana de la admiración. Porque no sólo nos emocionaremos con las historias de ficción escondidas en esta singular colección de huérfanos manuscritos, sino también con las peripecias de aquellos que las crearon, autores a menudo mucho más pintorescos que los retratados en sus fábulas.
Así como el Aleph de Borges aspiraba a representar el mundo en su inmensa globalidad, la imprenta que da título a este libro bien podría permanecer para los restos como ese lugar donde todo texto escrito descansa en espera de unos ojos que lo lean. Una delicia para cualquier amante de la lectura y un ejemplo de que también los ignorados tienen algo valioso que decir.