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Un poema, regresa bailando de la luna. Un poema se posa en la copa de un árbol, sin elecciones. No las conoce porque logra asir el elemento filosófico más puro para luego sentarse en una puerta cualquiera, pensando en azahares que hacen vibrar al aire.
Pienso la vida con la forma “soneto”, lo escuché decir. Me pareció traducir, piensa en la historia de todos los que habitamos este país y otros que llevan sangre y placer que se escurren por las veredas, mientras por los intersticios, aparece el pan, oculto al hambre.
Un provocador de ilusiones y no tanto. Impugna a miles de yoes. Duguech, espiando por las hojas las transmite tratando de descifrar un muy antiguo quehacer, repetido. La tristeza está debajo de las palabras mismas, se lee placer, dolor, amor, de corrido. Combate tristeza oculta, bien administrada, que recoge de la vereda llena de hojas secas o sus manos cocinan placer para salvar almas. No pueden todas, no importa, al menos algunas sobrevivirán al ritmo del soneto o la poesía más resuelta, que escapa a su propio ser. Las llama Transparencias y están ocultas detrás de las naranjas. El las recibe sin conservar, produce sin apropiarse, apacigua.
Julia Rocha |