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La lectura de Sentires de dragón me condujo al ser de la escritora, luego de visualizar una dicotomía casi imperceptible, entre Ángela Margarita Fiori y Fionel Margat. La primera es una persona cuya presencia, a pesar de su fragilidad aparente, raras veces pasa desapercibida. Su actitud cordial, pero firme, su excelente disposición, nos impulsan a prestarle atención en la seguridad de ser requeridos por cuestiones generalmente asociadas a la gratificación espiritual.
Fionel Margat, por su parte, transforma ese ser cuya interioridad no se revela fácilmente, en una sucesión de palabras que, acertadamente titula como “Sentires”. Y en esa dimensión literaria, despojada de todo lo que pudiera limitarla tanto en pensamientos como en sentimientos, recurriendo a la palabra, despliega ese ser interior, que se trasciende continuamente y solo puede identificarse y expresarse a través de Fionel Margat. Ella posee el canto, las vivencias, los sentires y la posibilidad de comunicarlos.
Miriam Marsiletti de Chamorro
Lograr que el verdadero ser se exprese es una ardua tarea. Es recorrer un largo laberinto, sufrir, buscar sostenes, ir y venir, hasta encontrar un espacio, una forma, la meta anhelada: iluminar el verdadero ser. Fionel Margat surge después de recorrer este camino y con el fuego de su lengua de dragón ilumina, transforma y convierte las arenas en finos cristales, dando paso al juego y a la simplicidad del niño expresada de una manera finamente trabajada, otorgando una calidad única a cada aforismo y un brillo excepcional a su ser.
Liliana Sierro de Martignone |