La lectura ágil y por momentos versátil de Fuego sobre el agua, no debe confundir al lector. La primera obra literaria del joven escritor chubutense Yamil Rojas, propone ingresar en una realidad cuya materia abandona la relación tiempo-espacio, experimentando, a través de la escritura, signos y códigos que llevan un mensaje esperanzador sobre la ineludible condición humana que de alguna forma esclaviza el libre pensamiento.
En el relato que da su nombre a este libro, el autor propone una ecuación que lo define: el agua no puede apagar el fuego, casi un retrato de la pujante juventud moderna, hipersaturada por la cultura electrónico-digital, dando batalla para redescubrir sus más intrínsecas fibras pensantes.
Monstruosas figuras, amores, intrigas, la indeterminable profundidad y alcance del tiempo, incógnitas no develadas pero intuidas, fantasía y una veta poética, comienzan a germinar, y se expanden en este libro que deja mensajes abiertos hacia lo, a veces, inconcebible.
Yamil Rojas deja clara su admiración por Borges, sólo por citar a uno de los grandes escritores que lo han influenciado profundamente. Y es, justamente, al creador de “El Aleph” que le dedica un (quizá) poco pretencioso pero honesto y personal homenaje, en “La grieta en la puerta”. La música y el cine, otras de sus pasiones, se reflejan en “Pourquoi pas toi”, definida por el autor como “una especie de carta literaria dirigida a nadie en especial”.
En definitiva, en Fuego sobre el agua, Yamil Rojas encuentra su libro mágico, ese que “es el mundo”.